Zapatillas bajo control

Zapatillas bajo control

Ya hemos hablado en muchas ocasiones sobre la importancia de tomar una buena decisión a la hora de elegir qué zapatillas de running nos compramos. Pero hacernos con un buen par de zapatillas para salir a correr no es suficiente ya que su uso incorrecto puede causar las mismas lesiones (o más) que utilizar una deportiva de baja calidad.

Son muchos los consejos que dan los corredores profesionales sobre el uso y el cuidado de las zapatillas y hay diferentes opiniones en cuanto a cómo guardarlas, con cuánto tiempo ponérselas antes de una carrera o cada cuánto cambiarlas, pero hay una serie de pautas en los que todos, o casi todos en su gran mayoría, coinciden. Estos son dos de los tips que os dejo en este artículo. Espero que os sirvan de ayuda y que no los paséis por alto:

Ni demasiado apretadas ni muy flojas

Salir a entrenar con las zapatillas acordonadas demasiado flojas es sinónimo de problema seguro. Las consecuencias que puede tener este acto de comodidad sobre nuestro pie puede ir desde lo más grave como una mala pisada que nos lleve a un esguince de tobillo hasta lo más leve y casi inevitable como una rozadura o ampolla. El hecho de que la zapatilla vaya suelta y nuestro pie pueda “bailar” dentro de ella hace que la fricción sea mayor y por lo tanto el roce del pie (normalmente el talón) con la zapatilla sea constante en cada paso que vamos dando creando sí o sí rozaduras o ampollas en nuestra piel.

Por el contrario, llevar las zapatillas demasiado apretadas también puede tener consecuencias negativas como las famosas uñas negras o marcas en los empeines por la presión de los cordones.

Cualquiera de estos dos errores a la hora de atarnos nuestras zapatillas antes de salir a correr puede afectar a nuestra salud pero también a nuestra técnica de carrera así que lo mejor es que no te cojas ninguna de estas manías ya que, si te acostumbras, por muchas consecuencias negativas que te podamos contar, te será difícil e incómodo de cambiar.

Vigila la suela

Cualquier tipo de zapatilla, por muy baja calidad que tenga, tiene una suela medianamente estable que te permite correr de forma segura en cuanto a protección frente al suelo se refiere. Estas suelas impiden el contacto directo de tu pie con el suelo evitando que algún elemento de la calle pueda dañarte la planta del pie.

Esta suela, al igual que el resto de partes de cualquier zapatilla pero de manera mucho más rápida, se va viendo afectada con el paso del tiempo y con los kilómetros que las hayas utilizado. Unos las gastarán más por el exterior, otros terminarán antes con la zona del talón otros despegarán la puntera… todo depende de los patrones de pisada y de la técnica de carrera de cada uno. No es lo mismo correr en cinta que hacer cuestas sobre asfalto o salir a hacer trekking un día de Sol.

La suela de la zapatilla y su desgaste pueden acentuar los problemas de pisada ya que según se van gastando van inclinando más el pie hacia la zona en sí. Por eso es muy importante revisar de vez en cuando el estado de la suela de nuestras zapatillas tanto la parte que tiene contacto directo con el suelo por si se va desgastando como la zona intermedia que se puede ir aplastando con los impactos y el propio peso del cuerpo.

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