Pubalgia: Síntomas y tratamiento

Pubalgia: Síntomas y tratamiento

Ya hemos visto las principales causas que pueden causar

Principalmente, en los deportistas, una sobrecarga muscular causada por algún tipo de sobreesfuerzo como una pretemporada o una vuelta a los entrenamientos sin una preparación previa, así como una larga temporada de carreras con poco descanso puede provocar esta molesta y dolorosa lesión.

También la repetición constante de un mismo movimiento como el pedaleo de un ciclista o el golpeo de un futbolista durante la practica del mismo deporte de forma diaria bajo una máxima exigencia de rendimiento, es decir, en cuanto más intensos y repetitivos sean nuestros entrenamientos más fácil es sufrir este tipo de lesiones (pero no sólo en la zona del core). De aquí mi gran preocupación por combinar los entrenamientos de running con sesiones de pesas y días de descanso activo como estiramientos o yoga.

Hoy os voy a presentar los principales síntomas de la pubalgia para poder detectarla en cuanto antes en caso de que dudemos de su existencia ya que en cuanto antes la detectemos menos avanzará.

 

El síntoma clave es el dolor. Este dolor puede aparecer, como hemos dicho en el anterior artículo, en la zona baja del abdomen o en la zona interna del muslo, cerca de la ingle. Este dolor va creciendo con los días apareciendo en su primera fase al terminar los entrenamientos o en los momentos de descanso (aunque algunos de los casos que llegan al gimnasio aseguran no haber sentido esta fase del dolor). Según va avanzando la lesión, el dolor aparece durante la propia actividad en cuestión, sobretodo si el entrenamiento requiere cierta intensidad muscular y la implicación de estos grupos musculares. El dolor suele ser continuo durante el entrenamiento (a no ser que paremos) y empieza a impedir ciertos movimientos como cruzar una pierna por delante de la otra o elevar la rodilla hacia el hombro.

Si no lo tratamos a tiempo, la pubalgia puede convertirse en un dolor continuo en el día a día afectando a la vida cotidiana e impidiendo actos simples como sentarse, subir escalones o permanecer de pie durante cierto tiempo.

 

Tras pasar la primera fase en la que notamos el dolor después de la actividad, la segunda fase en la que el dolor empieza a aparecer durante esta, llegamos a la tercera fase en la que las molestias impiden empezar a realizar el ejercicio en cuestión ya que cada vez que intentamos realizar algún movimiento que implique la zona el dolor irradia hacia la zona afectada. Como última fase (la más grave) el dolos permanece incluso en reposo de varios días obligando al lesionado a permanecer en la cama estirado con movilidad limitada.

 

Como con todas las lesiones, acudir al médico con los primeros síntomas pueden alejarnos de arruinar nuestra temporada y a hacer lo más corta posible la recuperación.

En próximos blogs hablaremos sobre los tratamientos que podemos encontrar para aliviar este dolor tan característico y los mejores ejercicios para prevenir su aparición.

Posted on 26/07/2019 Home, Entrenamiento, Consejos y..., Woman 301

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