Las dietas del verano y la explicación de sus consecuencias

Las dietas del verano y la explicación de sus consecuencias

Existen una gran variedad de dietas a las que se recurren al azar con tal de llegar al verano sin esos kilitos que hemos ido acumulando a lo largo del año. La dieta de la piña, la dieta de las sopas, la famosa dieta de la alcachofa, la de los puntos y, como no, la dieta Dukann…. Planes de alimentación de los que siempre hemos oído hablar y solemos conocer a alguien que las ha probado y nos facilita los planes a seguir perdiendo en cada persona algunas de las recomendaciones más importantes como si del teléfono escacharrado se tratara, de forma que, en el momento que te decides a hacerla, quién sabe por cuantas manos habrá pasado, confías en lo que te dicen , en lo que lees en esa revista o en el comentario del foro que encontraste mientras esperabas tu turno en la peluquería.

 

Al final terminas haciendo de todo excepto una dieta equilibrada y saludable y, cómo no, llegan los efectos secundarios, las consecuencias negativas en nuestro organismo y el famoso e inevitable efecto rebote (esto siempre que la dieta te haya servido al menos para bajar unos cuantos kilos). Todo esto sin tener en cuenta la parte emocional y las consecuencias psicológicas que pueden causar este tipo de alimentaciones en nuestras mentes. Sí, puede que te sientas inmune a los “chascos físicos” pero si una dieta te promete en el titular bajar 5 kilos en dos semanas, la empiezas para bajar 5 kilos en dos semanas, no por el hecho de que te encante la piña.

 

Y así es como llegan las frustraciones y la ansiedad. Una dieta que no cumple con los requisitos nutricionales que nuestro cuerpo necesita hará que el sistema nervioso entre en un estado de alerta produciendo dos problemas básicos: en primer lugar la generación de hormonas de estrés, hormonas incompatibles con la bajada de peso por mucho que digamos que los nervios nos cierran el estómago o que después de un disgusto se te queda “cuerpín”. Las hormonas que produce nuestro cuerpo cuando entramos en situación de estrés (o de alerta) lo que hacen es almacenar todos los nutrientes posibles (entre ellos las grasas) por razones de la evolución. El cuerpo de nuestros antepasados reaccionaba ante el miedo o el estrés guardando provisiones ya que este estado de alerta solía aparecer en situaciones como una tormenta, la falta de alimento o una larga caminata por el desierto. Por lo tanto, nuestro cuerpo que es sabio, almacenaba toda la energía posible por lo que pudiera pasar.

 

Este sistema de “almacenamiento de la energía” sigue apareciendo hoy en día. De forma coloquial, en situaciones de ansiedad o estrés tu cuerpo pide calorías extra (por eso sólo queremos comer cosas hiper calóricas) y, además, se queda con todo lo que puede a modo de defensa por el tiempo que pueda pasar hasta que volvamos a conseguir alimento.

 

Otro de los efectos negativos de una dieta de este tipo es el hecho de que tras haber estado varios días limitando la ingesta de ciertos alimentos, en el momento que volvemos a introducir estos nutrientes en la dieta el cuerpo decide guardarlos como oro en paño por si se te vuelve a ocurrir quitárselos. Este es el conocido efecto rebote y la razón es la misma que la que hablábamos en situaciones de estrés: “si tú me lo quitas una vez es posible que me lo quites dos, así que me lo guardo para cuando lo necesite”.

 

Lo mejor, como habréis escuchado millones de veces, es seguir una alimentación variada y equilibrada sin excesos pero también sin demasiadas restricciones. Hablaremos sobre las mejores dietas para estas fechas en las próximas semanas

 

Posted on 17/06/2019 Home, Alimentación y dietas 506

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