Los pies de un corredor: la parte más dolorosa del running

Los pies de un corredor: la parte más dolorosa del running

No todo lo que rodea a este deporte brilla y desborda felicidad. Es verdad que correr, como cualquier deporte que practiquemos de forma habitual, nos ayuda a mejorar nuestra forma física y el estado anímico y, como consecuencia de estas dos cosas, ayuda a mejorar nuestra calidad de vida. Pero conseguir los objetivos que hace unos meses creíamos imposibles, por mucha motivación que nos genere, no siempre es un camino de rosas.

Todos los corredores experimentados o recién llegados a este mundo, antes o después, pasa en algún momento por una lesión ya sea de rodillas, cuádriceps, caderas y, cómo no, por algún problema en los pies como rozaduras o ampollas.

Es época de rozaduras por muy raro que parezca. La creencia de que los calcetines de invierno, más gruesos y reforzados, van a salvarnos del roce de las deportivas de running hace que nos confiemos demasiado y terminemos con los pies al rojo vivo. ¿Cuál es nuestro error? Seguramente, con los primeros días de frío, cambiemos de zapatilla para salir a correr. Eso siempre y cuando no decidamos estrenar nuevas deportivas para el cambio de temporada.

Nuestros pies están acostumbrados a las zapatillas que hemos estado usando desde los primeros entrenamientos que hicimos en primavera, con los mismos calcetines, por los mismos caminos… En verano siempre tenemos la piel más cuidada aunque sólo sea por la crema solar que nos damos en la playa o por la vitamina que obtenemos de los rayos de Sol. También solemos estar más hidratados (parece que con el frío nos olvidamos de que tenemos que beber agua) y todo esto hace que la piel del pie esté en mejores condiciones que en invierno.

Aparte del cambio de calzado y del estado de nuestra piel, también es posible que hayamos cambiado nuestro recorrido de entrenamientos. Evitamos más los caminos que empiezan a estar embarrados por estas épocas y corremos más sobre asfalto libre de charcos y zonas resbaladizas (o eso creemos). Otro factor que influye en nuestros pies es el sudor, ya que, hasta que damos con la combinación correcta entre calcetines y zapatillas para salir a correr solemos trabajar bajo el famoso método de prueba-error y esto hace que hasta que conseguimos el combo ideal nos llevemos más de una herida en la vuelta a casa.

Es verdad que las rozaduras no sólo aparecen en los pies, con los cambios de ropa y la cantidad de capas que nos ponemos en cuanto empieza a aparecer el frío, es común que empiecen a salir pequeñas marcas en la piel: la misma cremallera que te roza siempre en el mismo sitio, la costura en la axila de la camiseta que antes no utilizabas… pero en el artículo de hoy nos centraremos en los protagonistas del running: los pies.

Principales causas

Tanto las rozaduras como las ampollas suelen ser siempre bastante dolorosas. Son producidas por la irritación exagerada de alguna parte del cuerpo hasta llegar a formar herida. Si el roce es continuo lo normal es que la zona afectada se inflame y, a modo de defensa para proteger la piel, se llene de líquido formando las ampollas. El cuerpo, muy sabio, forma las ampollas cuando la rozadura aún está presente para evitar que esta sea más profunda y crea una especie de pompa que pretende aislar nuestro cuerpo del objeto que está causando el roce.

Ya tenemos preparado el post sobre cómo evitar las rozaduras y ampollas y cómo podemos intentar prevenirlas ¡no te lo pierdas!

Posted on 30/11/2018 Home, Entrenamiento, Consejos y... 70

Blog archives

Blog categories

Blog search

Visto recientemente

No hay productos

Menu